El torbellino judicial está lanzando por los aires cientos de hipótesis sobre el uso del dinero público durante la gestión anterior. Lo claro es que nadie quiere quedar pegado al pasado. Y, si es posible, la clave de supervivencia política es desprenderse de todo lo que sea un vestigio kirchnerista. En uno de los distritos más favorecidos durante la década K, hoy son pocos lo que profesan la fe santacruceña. La caída en desgracia del tucumano José Francisco López ha causado un cataclismo tal que es posible que muchos dirigentes ya estén pensando en terminar su carrera política; otros se reciclan y también están los que sacan pecho frente a tanto rechazo social a las viejas conductas dirigenciales.
Algunos observan que el “caso López” puede llegar a ser más efectivo que la eliminación de la Ley de Acoples. “Hay tanto temor a la reacción social que, si este domingo se convocara a una elección, serían pocos los candidatos que se presentarían”, apunta un viejo dirigente peronista que observa desde una tribuna el desfile de ex kirchneristas que hoy se convierten en pragmáticos, en “yo no fui” o, sencillamente, en un “todoterreno sin ideología”. Los kirchneristas en Tucumán cada vez son menos. Un ex funcionario alperovichista comenta que el domingo, durante el acto de cierre del Congreso Eucarístico Nacional, no había un camporista ni un K en el Hipódromo. Claro está que la presencia del presidente Mauricio Macri también ahuyentó a los adeptos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández.
José Alperovich buscó la manera de despegarse a su pasado la semana anterior. El ex gobernador salió a decir que nunca fue kirchnerista, pero las imágenes paganas de una década en la que abrazó la causa K son más fuertes que las palabras, que las declaraciones públicas. Tal vez tenga razón cuando dice que con Néstor estuvo mejor que con Cristina; pero calló. Y el que calla, otorga. Los radicales, aunque les duela, suelen recordar que tuvieron al ex gobernador en sus filas y que con el mirandismo se cruzó de vereda y se hizo justicialista. “¡Peronista, jamás!”, le exclamó un viejo dirigente ya fallecido en una acalorada reunión partidaria donde se decidió su afiliación. Quizás Alperovich logró su objetivo: volver a la escena mediática, pero: ¿a qué costo político?
Juan Manzur también abonó la teoría del “ya fue”. El actual gobernador de la provincia ha tenido un rol protagónico, de primera línea, en el gabinete de Cristina Fernández. La ex mandataria lo respaldó más a él que a Alperovich en la polémica noche de las urnas quemadas y de manifestaciones callejeras contra las elecciones que llevaron al ex ministro de Salud Pública de la Nación a conducir los destinos de Tucumán. Pero es más fácil ser pragmático. O como lo define el politólogo Sergio Berensztein, un gobernador colaborativo con la gestión del presidente Macri. En la misma línea se inscribe el salteño Juan Manuel Urtubey. Los colores partidarios tienen matices que, cuando más claros sean, más cerca del calor del poder de turno estarán. Cosas de la política. Ayer, una imagen de Manzur incomodó a más de un funcionario de carrera y a una que otra docente. Y no es en sí por la pose con los atributos propios de un mandatario, sino por la leyenda: “el gobernador del Bicentenario”. Ese protagonismo fue objetado en las redes sociales por el mensaje que el póster intentaba dar hacia quienes lo vieran. ¿Inexperiencia política? Uno nunca sabe.
A la corta o a la larga, la política suele pasar facturas. Hoy los celulares ya no suenan como ayer. Los contactos entre los viejos compañeros justicialistas de otras tierras son más espaciados. Y, en lo posible, si hay charlas, éstas se dan en ámbitos como el Congreso. Hay mucha desconfianza. Demasiada.
Y hablando de pases de facturas: la ruta de esos documentos es una punta de investigación que puede aparejar serios dolores de cabeza a varios empresarios. Algunos que indagan en la causa que involucra el origen del dinero que transportaba, en General Rodríguez (Buenos Aires), el ex secretario de Obras Públicas de la Nación, sostienen que las facturas pueden ser la punta del ovillo para establecer la procedencia del dinero de los contratos bajo proceso de investigación. No es un dato menor; quienes tienen experiencia en cuestiones impositivas sostienen que, más allá de que se trate de un documento legal o trucho, siempre hay huellas o pistas para saber quién pudo haberlo emitido, por la numeración y por la imprenta que los confeccionó. La alta exposición que tuvo Tucumán durante la gestión anterior (fue uno de los distritos más mimados -con sus matices- por el matrimonio que presidió el país) también es objeto de análisis. En el Gobierno nacional admiten esta situación pero, por ahora, no dicen nada acerca de cuál será el destino del distrito en el que dentro de tres semanas será la capital del país y de los festejos del Bicentenario de la Independencia Argentina.
La moneda está en el aire. Algunos esperan que caiga cara y que siga la purga kirchnerista con el consiguiente rearmado del Partido Justicialista bajo un líder que aún no asomó en el contexto nacional. El macrismo sabe de eso y por eso, todavía, respira con cierto alivio de cara a las elecciones del año que viene. Otros creen que puede caer ceca y que el lodo del escándalo los traslade hacia el olvido. Son los justicialistas que rememoran la década pasada. Son los que no encuentran paz ni siquiera a la sombra de un escudo partidario. Son los que saltan de un partido a otro para mantenerse en el poder, o en la marquesina electoral. Son los que todavía tienen que rendirle cuenta a la sociedad sobre lo que se hizo o lo que se omitió. En el camino es posible que el tiempo obligue a las fuerzas electorales en pugna a efectuar una tregua para no exaltar, aún más, los ánimos sociales. Pero, en el mientras tanto, todos se deben un sinceramiento, una oración a la verdad que cierre las grietas definitivamente. No es mucho pedir. Es sólo estar a la altura de las circunstancias.